La Alfa-Manosidosis tiene una progresión crónica multisistémica con deterioro neuromuscular y óseo a lo largo de los años. El momento de aparición de los síntomas está relacionado con la gravedad de la enfermedad. Los neonatos con trastornos lisosomales suelen ser asintomáticos y solo se ven afectados gravemente en raras ocasiones, lo que retrasa el diagnóstico.1,2
Los primeros diez años de vida se caracterizan por un desarrollo temprano de dificultades auditivas, retrasos psicomotores, infecciones recurrentes, especialmente de las vías respiratorias superiores, infecciones pulmonares y otitis media aguda/grave.3
Durante la segunda y tercera década de vida, los pacientes desarrollan poliartropatía, ataxia, debilidad muscular y graves problemas óseos, que finalmente dejan al paciente incapaz de caminar. Los pacientes suelen presentar anomalías óseas y faciales, pérdida de audición, discapacidad intelectual e inmunodeficiencia.1
Las formas más graves de la enfermedad suelen aparecer en la infancia y conducen a una muerte temprana debido a infecciones graves.1 Sin embargo, los pacientes de las formas más leves suelen sobrevivir hasta la edad adulta.1





